Folk-horror, Lovecraft, ocultismo, policiales, cine indie y plataformas de streaming: Intertextualidad y architextualidad en “Historia de lo oculto” de Cristian Ponce.
Cuando hablamos de géneros, por lo general escuchamos expresiones como “cine de género” o “fidelidad al género”, como si hubiera límites específicos o como si los géneros tuvieran esencias que no se deben traicionar. Esto tiene que ver con la cualidad tauntólogica que plantea Stam respecto a los géneros, siendo estos de un principio pasivo que hace que una película “pertenezca” a un género, sin poder salirse de esas fronteras. El autor entonces nos invita a pensar en la intertextualidad, la cual “se interesa menos por las esencias y más por los procesos mediante los cuales los textos se dan vida entre sí”. (Stam, R. en Teorías del cine, pp. 235) A su vez, Genette nos habla de relaciones, de emparentamientos de textos en función de sus características comunes en géneros literarios, subgéneros y clases de textos. Esta relación genérica es llamada por el autor architextualidad.
Partiendo de esta base conceptual, analizaré la cuestión del género en la película argentina “Historia de lo oculto” del 2020, dirigida por Cristian Ponce. La misma está catalogada como “perteneciente” al género de terror, pero este audiovisual plantea un universo mucho más amplio de géneros.
Analicemos este universo en orden de aproximación al audiovisual, comenzando por el primer elemento que vemos: el título. Dice Steimberg, que “el título es el primer elemento metadiscursivo que establece relaciones interpersonales entre el autor y lector del texto.” (Steimberg, O. en Texto y contexto del género) En el mismo tenemos dos palabras principales “historia” y “oculto”. Ambas nos dan pautas del género, especialmente la palabra “oculto” que se relaciona con el ocultismo, la brujería, hechicería y con lo paranormal. Estas temáticas son palabras que caracterizan al género de terror, por lo cuál desde una base el título funcionaría bien como dispositivo de relación con lo que vamos a visualizar. Por otro lado, la palabra “historia”, es mucho más amplia, porque historias son todas las películas que vemos, con sus respectivas diferencias. Entonces, la decisión de su presencia en el título creo tiene que ver con el otro género involucrado, el periodístico, que analizaré más adelante.
Cuando vamos a ver una película en una plataforma o en el cine, vemos debajo del título un par de palabras que buscan determinar su género. En el caso de “Historia de lo oculto”, esas palabras son terror, suspense, reconocidos géneros; pero también aparecen calificaciones como “inquietante”, “de argentina” o “cine independiente”. Pero no todas estas calificaciones determinan el género, sino que tienen que ver con el planteo de Genette de géneros, subgéneros y clases de texto. Para determinar todas estas cosas, debemos zambullirnos en un análisis del audiovisual.
Si lo pensamos en función de las dimensiones planteadas por Steimberg, podemos empezar por la primera de las mismas que es la temática. ¿Qué es el audiovisual? ¿De qué trata? La película trata de un grupo de personas que, en la última emisión de su programa “60 minutos antes de la medianoche”, corre contrarreloj para conseguir evidencia que desenmascare al gobierno y su asociación con un aquelarre. Es una película repleta de peculiaridades, de elementos sobrenaturales, saltos temporales, cambios de formato, tensión e incomodidad. Estas son características ligadas al terror o al suspenso, pero en este caso tienen una vuelta de rosca. Esta película, es como un truco de magia y de desviación con un fin mayor, que es el desencubrimiento de una verdad del Gobierno. Ponce nos plantea una realidad en la que el gobierno está involucrado en sectas y pactos malignos. Dice él mismo sobre la película: "Quería llevar al máximo la hipnosis colectiva de un país que está dividido políticamente, donde una mitad está convencida de que la otra vive en una realidad distinta a la suya. ¿Qué pasaría si eso es cierto? Pensaba en eso, y ahí salió esta especie de regeneración temporal.” Esta perspectiva de la película nos plantea una profundización de un tema político, según las características del cine periodístico, utilizando al terror como vía. El director hablaba en una entrevista de su deseo por hacer un híbrido de sus cosas favoritas en este filme, como las sectas y el periodismo. Plantea que sabía que estaba haciendo una película de terror, pero quería trabajarla en capas, con elementos de otros géneros, subgéneros y clases de textos. Leyendo artículos, escuchando entrevistas y charlas sobre la película, salen a la superficie muchos géneros y subgéneros. Folk horror, horror cósmico, thriller-paranormal. Creo que esto es lo interesante del filme, Ponce no se encerró en las características típicas del género, llevando su trabajo en una sola dirección. Por el contrario, tomó elementos y temáticas de diferentes lugares, haciendo que la historia viaje por diferentes vertientes, que roce otros géneros, que confunda. En otras palabras, trabaja el dialogismo del que habla Stam.
En el filme, hay un trabajo interesante respecto a los elementos usados para ilustrar la historia. Esto tiene que ver con la dimensión retórica, que responde al “¿cómo es?”, que tiene que ver con qué elementos utiliza el género para producir un efecto en el espectador. Hay diversas discusiones respecto a los efectos que debe tener el género de terror en sus espectadores. El autor estadounidense, Stephen King, en su libro “Danse Macabre” habla de una diferencia entre terror, horror y repulsión, indicando que el horror tiene más relación con sensaciones físicas, el terror con ideas y la repulsión algo más crudo y desesperado, como si fuera el último intento de causar algo al espectador, aunque sea desagrado. Me interesa mucho esta diferenciación en el caso de “Historia de lo oculto” porque el filme no sólo busca producir algo desde lo físico, sino que también pretende asustarnos con la idea de la corrupción y de esta sociedad ocultista en la figura del Estado. Creo que la hibridación entre el género de terror y el periodístico le aporta muchísimo a esta dualidad de efectos, porque en sí buscan llegar al mismo lugar, sólo que con diferentes mecanismos y efectos. Entonces, Ponce busca un equilibrio entre ambos. Zechetto también plantea el tema de los efectos en relación con la verosimilitud. Él plantea que la misma se relaciona con la noción de géneros y efectos que producen en el público. Cita a su vez a Metz que dice “Es verosímil lo que es conforme a las leyes de un género establecido.” (Metz en…) Lo que refieren los autores es que dentro de un género, hay un universo de elementos y normas que tienen un funcionamiento y que en su yuxtaposición tienen un efecto en el espectador. Ejemplificando con otro género, una película de romance funciona con música romántica en momentos específicos, hablar a través de miradas y personajes persiguiendo al amor de su vida por el aeropuerto y que el mismo casualmente haya perdido su avión. En el género de romance eso funciona y hace al verosímil, pero el terror tiene sus propios parámetros. Entonces, tanto en el terror como en el periodístico, géneros que conforman a nuestro objeto de estudio, hay elementos indiscutibles que garantizan que consigamos en el espectador ese efecto que buscamos, en favor del “cómo”. Podemos resaltar algunos específicos en este filme y su relación con otros subgéneros: los tentáculos y las sustancias, son un guiño al horror lovecraftiano; los cráneos y las dagas me recuerdan al terror de Edgar Allan Poe; las agrupaciones, el paganismo, la religión, los sacrificios y la presencia de la paja nos llevan al folk-horror; la investigación, las pistas y las persecuciones nos hacen pensar en suspense o policial y el concepto de programa de TV antiguo nos habla de cine periodístico e informativo. Investigando para este trabajo me encontré también con el término “hauntología” que dice centrarse “en el estudio del conocimiento, no tanto de los seres o presencias reales, sino de todas sus ausencias que, por debajo de su aparente invisibilidad o irrealidad, continúan persistiendo de otro modo.” (Nuria Gómez, G en "Espectropolítica: imagen y hauntología en la cultura visual contemporánea.") Y el hecho de seguir encontrando terminologías y subgéneros que desconocía, me hace pensar que todos esos textos que abordan estas categorías, por lo general los definimos como terror y solo terror, sin ahondar en su análisis para determinar subgéneros. Lovecraft y Poe son maestros del terror, pero en su terror dieron lugar a ramificaciones del género. Los programas de televisión por lo general englobaban un solo género, pero también se fueron ramificando, tratando otros temas, adoptando otras dinámicas, que se continúan ramificando con obras como la de Ponce. El director hablando del proceso de creación del filme, hablaba de que trabajó la película como si fuera una investigación periodística real, cambiando elementos terrenales por elementos sobrenaturales. Incluso vi una reseña en Letterboxd que decía: “Viendo esto olvidé que era una película y no un documental.” Me resulta sumamente interesante esto porque habla de este diálogo de clases de textos, que por lo general viven separados y autónomamente. Me parece inútil, estando en el siglo XXI, hablar de géneros únicos, cerrados y que no dialogan con otros. Somos seres que consumimos textos todo el tiempo, y en esa consumición, nos vemos influenciados. Entonces cuando vamos a realizar una película, tiramos a la mesa todas las cosas que conocemos, todas las películas que vimos, todos los géneros que hemos experimentado. Ahí vamos dejando ideas atrás, tomando algunas, pero indudablemente todas están bañadas en nuestras experiencias. Entonces tal vez elegimos un elemento típico del terror pero lo insertamos en un contexto típico de la comedia, y eso es una nueva clase de texto.
Todo este universo de posibilidades que desarrollé, está condicionado también por el concepto de estilo y forma, porque en el film de Ponce el estilo lo es todo y es huella de su dirección. Aquí podemos meternos de lleno con la tercera dimensión, la enunciativa, que nos habla del contexto de producción y los participantes. El estilo tiene que ver con su director, dirección de fotografía, arte y sonidos y sus maneras de contar historias. Esto es en este caso, las decisiones en los cambios de ratio, la decisión estilísitica del blanco y negro pero la apariencia esporádica del rojo, la textura, etc. En un artículo que leí definían a la película como “la brujería a través de las ondas”, y me pareció muy interesante porque definitivamente sí luce como una vieja grabación real. La decisión y huella autoral del director es crear un relato de terror en manos del periodismo, contado en su lenguaje. En un podcast que escuché, Ponce hablaba también de la influencia de una película argentina de suspense llamada “Rojo”, que a Franco Cerana, su director de fotografía le gusta mucho (anexo 7). Estas referencias provenientes de diversos géneros, hacen al estilo del audiovisual, tanto en la realización como la fotografía, como en todas las áreas.
Más allá del estilo del autor, volvamos con algo que mencioné al principio de mi desarrollo y que son estas calificaciones que a veces las plataformas de streaming le dan a las películas, llamándolas géneros. “De argentina”, “cine independiente”. ¿Son estos géneros? Me atrevo a decir que no, sino que estas calificaciones simplemente informan sobre el contexto de producción del audiovisual. Pero tengo conflictos con esto. Si bien es una realidad que el cine latinoamericano muchas veces se pasa por alto, se ignora o se prejuzga y es importante que sea reconocido, estas categorizaciones a veces contribuyen a este prejuicio. Porque cuando vamos a ver una película estadounidense no dice abajo “de Estados Unidos”. Entonces que lo diga solo con producciones fuera de las grandes potencias lo único que hace es remarcar esa grieta -así como plantea Ponce con el tema del filme- y mete a todas las películas de un país en una misma bolsa en las que se analizan como si compartieran género. Se escucha mucho decir que el cine argentino es particular o que las películas “indies” son un género en sí mismo. Esto se debe a una cuestión estereotipada de “menor calidad” por ubicación geográfica o presupuesto. Pero, ¿acaso tienen alguna conexión genérica “Historia de lo oculto” y “La ciénaga” de Lucrecia Martel? Si, son producciones independientes y argentinas, pero pertenecen a géneros distintos, sus enfoques e influencias son distintos. Lo mismo ocurre con el cine independiente; estas dos características son simplemente condiciones y cuestiones contextuales de la producción, no tienen nada que ver con el género. Entonces mi planteamiento va en la dirección de dejar de meter películas en la misma bolsa sólo porque se hicieron en el mismo país, ya que eso lo único que hace es quitarle todo el valor y trabajo que tienen detrás, porque tendemos a creer que una película latinoamericana de terror va a ser peor que una estadounidense, solo por su condición de latinoamericana. “Historia de lo oculto” fue votada la mejor película de terror en Letterboxd, que es una plataforma internacional. Pero, ¿cuántas películas han sido olvidadas y pisadas por ser “de lengua extranjera”? Muchísimas, y que “Historia de lo oculto” haya logrado pasar ese prejuicio es un orgullo enorme para el país, más siendo que la mayoría del equipo técnico es de acá, de La Plata. El trabajo de dejar de subvalorar las producciones latinoamericanas, reconocerlas pero analizarlas y valorarlas por sí mismas, es complejo y extenso, pero más que necesario para nuestro cine.
Habiendo hecho un extenso recorrido por las influencias genéricas del terror y el periodismo, la exploración de elementos cinematográficos y la discusión de la visibilización de películas indies y latinoamericanas, podemos alcanzar diversas conclusiones. Por un lado, que hoy en día es menos frecuente ver películas totalmente apegadas al género clásico, ya que hay un interés mayor en la intertextualidad que me parece maravillosa e inevitable a medida que avanzamos como arte. Además, a veces las decisiones estilísticas narran mucho más de lo que nos damos cuenta, ya que implican una decisión que tiene un efecto en el espectador. Y, por último, que todavía tenemos un largo camino por recorrer como cineastas y cinéfilos latinoamericanos, pero que en ese camino debemos recordar no entender todas nuestras producciones como lo mismo y reconocer su valor en sí mismas.



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